Lo que cambia cuando el proyecto se piensa antes de cortar
En Casa Mayor el orden no es un formalismo: cada etapa existe para que la decisión siguiente tenga sentido. Medimos, escuchamos, dibujamos y recién después vamos al taller. Estas son las consecuencias concretas de trabajar así en departamentos, casas y oficinas pequeñas.
Medidas tomadas en el ambiente, no estimadas
Antes de proponer cualquier módulo registramos alturas de cielorraso, aberturas de puertas y ventanas, ubicación de tomacorrientes y el espacio libre real para circular. En un departamento chico, esos centímetros definen si una puerta abre sin chocar con la cama o si conviene una corrediza. El mueble se dibuja sobre lo que hay, no sobre un promedio.
Un plano simple antes de fabricar
El relevamiento se traduce en un plano claro: dónde va cada estante, a qué altura cuelga la barra, qué módulo queda a la mano. No es un render decorativo, es una herramienta para discutir el proyecto y ajustarlo mientras todavía es papel. Si algo no cierra, se corrige ahí y no en el taller.
Materiales elegidos por uso, no por catálogo
Trabajamos con placas de melamina, herrajes de cierre suave y perfiles de aluminio. La placa define color y resistencia; el herraje define cómo se siente al abrir todos los días; el perfil resuelve terminaciones y milímetros donde no hay margen. Cada elección responde a cómo se va a usar el mueble, no a una tendencia.
Fabricación en taller propio, sin intermediarios
El proyecto no se terceriza. Quien interpreta el plano es el mismo taller que corta, arma y ajusta. Eso reduce los errores de traducción entre lo que se dibujó y lo que se entrega, y deja un responsable claro frente a cualquier retoque.
Orden pensado para ambientes con poca luz
Cuando la luz natural es escasa, la distribución pesa tanto como el material. Definimos qué va arriba y qué a la altura de la mano según la frecuencia de uso, y evitamos bloques oscuros contra la única ventana. El resultado es un ambiente que se ordena solo porque cada cosa tiene un lugar previsible.